martes, 11 de noviembre de 2014

El tiempo no se detiene

Pasa el tiempo, las acciones se suceden y algo que no cambia: sigo sintiéndome culpable. ¿Cómo puede haber pasado mes y medio y seguir sintiéndome así? Pues porque cuando alguien te importa, las cosas perduran y se mantienen en la memoria.... quién sabe hasta cuándo.

¿Cuál es la clave de la vida?

El único recurso que no para de agotarse y que jamás podrá recuperarse es el tiempo. No podemos comprarlo, ni disponer de él cuando queramos, tampoco fraccionarlo o prestarlo. Lo peor es que cualquier minuto podría ser el último, y seguimos a pesar de ello con los brazos cruzados dejando pasar el recurso más valioso de todos.

¿Por qué somos así?

Si racionalmente dejar pasar el tiempo sin aprovecharlo, no tiene ningún sentido lo mires por donde lo mires; lo cierto es que intuitivamente tampoco. Pasan los días y las noches, las semanas y algún mes; todo lo que te rodea cambia sobremanera a la velocidad de la luz y el sonido; y quizás en lo único que estés pensando sea en ese próximo partido de fútbol que echarán en la televisión y que tanto te gusta. No se puede seguir así, no de por vida porque recuerda que la vida acaba.

¿Soluciones?

Matar al piloto automático de una vez por todas y actuar. Algunos achacarán el no actuar a algo que verdaderamente no te importa lo suficiente, y quizás tengan razón. Pero.... ¿y ese miedo estúpido a que todo tu esfuerzo no haya merecido la pena y por tanto haber tirado el tiempo? Ese es el mayor problema que tenemos las personas y por lo que las dudas aparecen y se multiplican. Puedes tener algo totalmente seguro, que el miedo puede decirte hola en una fracción de segundo y matar toda esa energía y fuerza que tenías.

Una canción puede darte la rabia que siempre queremos tener para hacer cosas; y entonces llega una noticia y todo se desvanece. Aprovechar el tiempo cuanto más debería ser una obligación que tengamos todos. Pero no se nos educa en ese campo y sí en el de cuanto más tiempo perdamos, mejor para los de arriba. Estudiar durante un 25% de tu vida no es ganar tiempo, es perderlo; también dormir un 33% de tu vida; al igual que estar en un trsporte el 10% del total de tu existencia.

Es imposible evitar ciertas cosas, pero no lo es el hacerlo todo lo más fácilmente posible para que lo bueno nos ocurra y con ello conseguir lo que ansiamos.

¿Y tú, qué?

Algunos pensarán que no estoy haciendo nada, pero desde mi posición solo puedo confesar que la paciencia es el rey de la ciencia y que sin fe no hay nada. Y hablo de fe y no de confianza, porque hace tiempo que me di cuenta de que el entorno que nos rodea es demasiado imprevisible y grande como para querer controlarlo todo y que te salga como exactamente deseas. No seamos soñadores sin más; observemos lo que hay ahí fuera. Un mundo en el que poco puedes controlar desde tu humilde posición, pero que mucho puedes hacer por coger el camino correcto.

El camino correcto pasa sin duda por invertir tu tiempo en aquello que merezca la pena y que vaya a darte unos frutos sólidos por cuanto más mejor.

¿Qué pasó aquel día con ella?

Ese día fue uno de los que si se repitieran 6 millones de veces; jamás se habría repetido la historia en sí. Ella llegaba a la casa de mi amigo y mi corazón no paraba de latir a una gran velocidad. Era la primera vez que me ocurría y sentía simplemente rubor en mi cara y cuerpo. Me quedé paralizado sin saber cómo saludarla hasta que escucho:

- "¿Qué pasa que te vas a quedar ahí parado?"

Como de la nada salté del sofá y le di dos besos aunque mi cuerpo me pedía un abrazo a aquella mujer. No lo hice, la razón perdía y el cerebro reptiliano tomaba el control muy a pesar mía.

Todo pronto cambiaría cuando ella se sentó a mi lado y comenzamos a charlar. Parecía como si nos conociéramos de toda la vida, como si hubiéramos hablado en persona miles de veces y ella estuviera muy metida en mi grupo de amigos. Los temas eran muchos, también las bromas, ironías y chulerías que eran siempre características de ambos. Todo fluía, había relajación, confianza y confort que siempre hace que todo vaya perfecto.

Pronto se pasaría el tiempo de la casa de mi amigo sin olvidar antes aquel regalo que tenía la obligación de darle: su dibujo. Ella tenía la cara iluminada mientras yo sufría por dentro. Era un marco rodeado por papel de feliz navidad, que tendría de primera cara un dibujo que no era el definitvo, y sí uno bastante mal hecho.

Aun así, ella sonreía pensando seguramente: "el chaval no puede hacer mucho más, qué le vamos a hacer". Pero claro.... siempre hay sorpresas y cuando le dije que quitara la parte de atrás, descubrió algo peor: un corte de mangas dibujado, "po toma". Seguía un folio en blanco y por fin el bueno, por el que ahora sí se le veía cara de sorpresa de las que te alegran.

Me había currado algo de lo que nunca fui bueno ni le había dedicado tiempo. Y a pesar de que dos de los tres dibujos no tenían su cara por el hecho de que era imposible (que alguien lo intente hombreeeeeeeeeeee), todo estaba dentro del muy pasable y contento de ello. Ella terminó dándome un beso (mejilla obviamente) y pronto nos iríamos a la discoteca a salir (ya ella sin sus acompañantes que estaban en casa de mi amigo).

Empezaba la noche y todo iba a la perfección, con feeling o química como ella solía llamarlo y  con el repunte del dibujo que le había gustado. Nada podía cagar lo que tenía que ocurrir por destino. ¿O sí?

Continuará.....

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